lunes, julio 14, 2003

Politicos

Un candidato presidencial muere de un infarto. Llega al paraíso, y es

recibido por San Pedro, que le dice:

- No sabemos qué hacer contigo: es que pocas veces ha llegado aquí

un político importante... Me gustaría dejarte entrar, pero tengo

órdenes del Jefe: vas a pasar un día acá y otro en el infierno, y luego

podrás elegir dónde transcurrir la eternidad.

San Pedro acompaña al desconcertado político hasta una larga escalera

caracol que lo lleva hasta el averno. Abre una puerta, y ve un inmenso

prado verde. Al fondo, un castillo en el que todos sus viejos amigos de la

política lo esperan, vaso de champagne en mano, impecablemente trajeados.

Luego de intercambiar recuerdos del pasado son recibidos por el diablo en

persona, que los invita a pasar al comedor. Allí cenan caviar beluga,

langosta y más champagne francés. El malo se comporta

como un encantador anfitrión, con agudos chistes e inteligentes comentarios

toda la velada. Al rato aparecen bellísimas señoritas, y al político lo

invitan a elegir a una (o más) para pasar la noche. Al cabo de esas horas,

el diablo lo acompaña a un lujoso ascensor y le dice:

- Tu día de prueba en el infierno pasó; vuelves al paraíso.

El hombre sube, entra, y se pasa las siguientes 24 horas de nube en nube,

tocando el arpa y sin encontrar ningún conocido.

Finalizado el día, San Pedro lo enfrenta y le dice:

- Has probado cielo e infierno. ¿Con cuál te quedas?

El político duda un instante, pero dice: "El infierno".

- Pues bien, si ésa es tu voluntad, que así sea.

Nuevamente desciende al averno, pero en lugar del prado verde encuentra un

páramo cubierto de excrementos. Sus amigos, en harapos, recogen la basura

con la boca mientras son flagelados por demonios; la temperatura es

insoportable. "¡Y esto es sólo el comienzo!", brama el diablo en su oído.

El político apenas atina a balbucear:

- No entiendo... Ayer había un campo bellísimo, manjares, mujeres por montón,

lujos. Y ahora cambió todo...

El diablo lo mira y con su mejor sonrisa mefistofélica le dice:

- Sencillo, hasta ayer estábamos en campaña electoral; hoy ya votaste

por nosotros...


Un abrazo

-. Fernando


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